Vivimos por Cristo porque él mora en nosotros

La vida cristiana es estar en Cristo, vivimos por él y vivimos para él, lo cual implica, que en nuestras decisiones y acciones anhelamos proceder como él lo haría.

Aunque nuestro Señor mora espiritualmente en nosotros y con nosotros, es conocido en el mundo por su iglesia. Incluso, aprendemos de la Biblia, “que él es la cabeza de la iglesia y nosotros sus miembros”. Por lo tanto, los miembros dependen de la cabeza y obedecen a la cabeza.

Por todo esto, la comunión íntima con Cristo nos permite estar fortalecidos y capacitados, pues en la vida diaria satanás hará todo lo necesario para que Cristo no sea conocible en el mundo a través de nosotros, más bien para satanás, es que el nombre de Jesús, el cual significa Salvador, sea deshonrado por nuestra mala conducta.

Los que somos seguidores y discípulos de Cristo debemos ser conocidos por nuestro estilo de vida semejante al de Jesús; en su comunión con el Padre, en la consagración, fidelidad y dedicación al servicio. Nuestra enseñanza debe ser la de nuestro maestro, por eso es por lo que la iglesia de Cristo se identifica en la correcta predicación de la palabra.

Nuestra comunión con Cristo es una vida activa que perdura por la fe para los propósitos de su reino, y esto, en lugar de generar cansancio para vivir, haya el reposo que nuestra alma necesita, en las peores sequedades somos saciados y en los tiempos de tribulaciones, habrá de prevalecer el gozo y la paz de Cristo.

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