Dios nos hizo especiales para él

Dios nos hizo pueblo suyo para alabanza de su nombre, porque desde el principio nos creó con ese propósito, lo cual para nosotros es la felicidad. Por eso, aunque habiendo caído en pecado, Dios nos rescató y nos hizo sus hijos por la sangre de Cristo.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.” 1 Pedro 2:9-10

Todos los que recibimos la salvación de Dios en Cristo somos enriquecidos con los favores de Dios y con todas las bendiciones del cielo. Por todo esto, debemos adorar a Dios y proclamar a Cristo, para que otros también reciban estas bendiciones, ya que también este es el anhelo y propósito de Dios. Somos especiales porque Dios así nos hizo y así nos ve, pero también, somos santos porque Dios nos apartó de entre muchos sólo para su gloria.

Como pueblo de Dios somos visibles en el mundo, somos como la luz en la oscuridad. Todo esto es por la obra que Dios hace de manera permanentemente en nuestra vida, pero también, por la obra que Dios hace en el mundo a través de nosotros. En esto debemos ser responsables, para que cada día seamos moldeados a la imagen del que nos llamó para ser salvos, y también para como testigos de Cristo muchos sean salvos.

Si nuestra vida antes estaba bajo el poder de las tinieblas, y ahora estamos en la luz de Cristo, nuestra dedicación y servicio a Cristo debe ser con gratitud y fidelidad. Por eso tenemos que vivir con prontitud nuestra vida cristiana, de tal manera, que todo lo que vivamos en esta vida, la vivamos para la gloria de Cristo. Cuando nosotros éramos extraños y enemigos de Dios, Cristo nos reconcilió y nos unió a Dios, por eso es por lo que ahora disfrutamos por su gracia de la paternidad de Dios y su manifestación gloriosa como nuestro Rey y Señor.

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