Disfrutemos la vida viviendo guiados por el Espíritu

Nuestra mente debe estar ocupada en todo lo que es bueno y puro, por eso es necesaria alimentarla con la palabra de Dios y que sea guardada con la paz de Cristo, para que ni en las tentaciones ni en las pruebas sea presa del maligno, lo mismo nuestro corazón que necesita estar presto para honrar a Dios.

«Si persistimos en una vida carnal, estaremos actuando de lado del mundo y en contra de Dios, y así no podemos esperar más que la muerte.»

Por otra parte, cuando las cosas de Dios y de su reino son nuestro mayor anhelo, tendremos vida; disfrutaremos la dulce comunión con Dios, su amor en nuestros corazones, el gozo de la salvación y la esperanza de la gloria eterna. Dejarnos dominar por la carne, es permitir que seamos dominados y guiados por nuestra naturaleza pecaminosa, es poner nuestra mente e interés profundamente en las cosas de este mundo, es ocuparnos en nuestros deseos pecaminosos por inocentes que parezcan, incluso, esto puede ser hasta en profesar una falsa religión para saciar nuestro ego, pensamiento propio o deseo religioso.

Busquemos que nuestras decisiones y acciones, sean el resultado de la presencia poderosa y santificadora del Espíritu Santo en nuestra vida, porque eso nos hará estar en buenas relaciones con Dios y con una vida bendecida hoy, y siempre.

Una vida consagrada a Dios también produce paz, porque la enemistad con Dios es precisamente, cuando actuamos en contra de él, para vivir de acuerdo con el sistema de este mundo, o para vivir de acuerdo con los impulsos de la carne, la cual siempre va de continuo hacia el mal. Sin embargo, el Espíritu Santo siempre actúa en nuestra vida sobre la base de nuestra redención en Cristo y conforme a la revelación de Dios en su Palabra. El espíritu Santo nos da vida en Cristo y nos dirigen conforme a las promesas y mandamientos de Dios registrados en la Biblia.

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