No caigamos en el engaño de nuestro corazón

Debemos cuidarnos de nuestro propio corazón, porque, aunque está en un proceso de regeneración por el poder del Espíritu Santo aún tiene inclinaciones hacia el pecado, se revela contra Dios y por lo mismo puede desorientar nuestra vida por el camino equivocado.

“Ante esta realidad de nuestra vida debemos buscar más la dirección de Dios, la guía y santificación del Espíritu Santo, y que la palabra de Dios sea más nuestro alimento espiritual, así y solamente así tendremos un corazón más conforme a la voluntad divina.”

El corazón puede equivocarse en la búsqueda de la felicidad, del éxito y del placer, por eso no debemos obedecerlo cuando nos orienta hacia la búsqueda de las cosas sólo en este mundo, más bien, debemos orientarlo hacia Dios, y que tenga como mejores tesoros los bienes celestiales, que sus mayores anhelos sean las cosas espirituales porque en verdad ahí encontraremos siempre la dicha eterna. La vida deleitosa no está en cumplir los deseos del corazón, sino en cumplir con el corazón la voluntad de Dios.

Es un error practicar el dicho humano, “hagamos lo que dice nuestro corazón”, porque algunas veces el corazón puede desear lo que no le hace bien a nuestra vida, pero todo lo que Dios quiere sí es para nuestro bien sin ninguna falla. Hagamos que Cristo more en nuestro corazón, que él lo gobierne, porque de esa manera todo nuestro será bendecido, desarrollándose para la gloria de Dios y para nuestra felicidad eterna.

Con la llenura de Cristo nuestra voluntad, decisiones y acciones serán buenas, por eso cada día debemos procurar que Cristo se manifieste en nuestra vida, y para esto debemos ser responsables de nuestra comunión espiritual con él, y para que esto sea posible debemos considerando todas las cosas que Dios nos ha provisto en este propósito. Únicamente Cristo puede resolver la perversidad y la depravación total del nuestro corazón, lo hará con el poder santificador del Espíritu Santo, porque él nos convence y lo conoce lo más profundo de su ser.

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