Seamos victoriosos haciendo el bien

Cuando no respondemos cristianamente al mal que nos hacen o a las tentaciones de vivir según la carne satanás nos atrapa en sus trampas destructivas. Por lo tanto, ante todo, debemos vivir la fe en Cristo, amar y honrar a Dios por sobre todas las cosas, esto incluye ser buenos con el prójimo, incluso con los que nos hacen daño.

“En hacer lo bueno está la bendición de Dios en Cristo, y la victoria, pues el diablo siempre nos tienta para ser como él es; malo desde el principio y rebelde ante Dios, pero haciendo siempre lo bueno podemos resistirlo y así de nosotros huirá.”

La vida transformada según Cristo es una vida de buenos frutos, y esto es un proceso que dura toda la vida, ya que en Cristo siempre estamos siendo preparados para toda buena obra. En esta forma de vida cristiana práctica, en donde tenemos el propósito de ser buenos como nuestro Padre celestial lo es, se hacen evidentes en nuestras vidas la naturaleza de Cristo, su imagen y su mente. De este modo damos testimonios de Cristo ante otras personas, así podemos ser testigos de él a través de una vida ejemplar conforme al evangelio.

La victoria sobre el mal sólo se logra sobre la base del sacrificio de Cristo con el que nos salvó y venció al mal, así que todo lo que hagamos debe ser el resultado de nuestra fe en Cristo. Por esto siempre debemos estar procurando una vida de fe, viviendo por Cristo y para Cristo y procurando que cada día nuestra fe sea más desarrollada, para que, de ese modo, con las buenas obras de nuestra fe podamos responder al mal.

No nos cansemos de hacer el bien, no dejemos de hacer lo bueno como consecuencia del mal que nos hacen, mejor, que la maldad sea la razón para hacer el bien empoderados por el Espíritu Santo, quien nos recuerda que somos salvos y esto no es precisamente porque éramos buenos, sino porque aun siendo malos Cristo nos salvó, y por eso ahora debemos hacer lo mismo con todos, pues esta debe ser nuestra esencia en Cristo; hacer siempre lo bueno y vencer el mal.

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