No debemos murmurar ante Dios

Hacer todo en unidad y con gozo glorifica a Dios y tiene como resultado la mutua edificación y bendiciones de Dios para todos en la comunidad y en lo individual. Debemos aprender a ocuparnos de nuestra salvación, aprendiendo a obedecer y, a hacer todo de buena gana, apasionados y convencido de ello.

“Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;” Filipenses 2:14-15 RVR1960

Todas las cosas que hagamos en todas las áreas de nuestra vida, hay que hacerlas de todo corazón, impulsados por la gratitud y por el deseo de servir como un alto privilegio que se nos concede en el amor de Dios. Dios se glorifica de lo que hacemos cuando nuestro mayor anhelo es honrar su nombre santo, cuando hacemos todo por amor a él, y con el deseo que nuestro semejante sea bendecido.

Debemos acatar la voluntad de Dios de buena gana, es decir, todos los mandamientos y preceptos de Dios deben convertirse en una delicia, en lugar de ser amargura, y sin considerarlos una carga, debemos aceptar la verdad de Dios como la que nos liberta, la que sueltas las amarras del pecado que nos atan a satanás y a la muerte. Por otra parte, todas las adversidades que Dios permite en nuestras vidas debemos aceptarlas con gratitud y gozo, pues mediante ello aumentará nuestra fe y nos perfeccionará.

Los incrédulos hacen todo carnalmente y para sus propios deseos, no tienen interés de honrar al Creador, y en lugar de pensar en el prójimo para bien, se sirven de él para sus malos propósitos. Esta actitud demuestra que los malos viven bajo la influencia del poder de satanás, quien es el príncipe de la oscuridad.

Sin embargo, los que creemos que Cristo es nuestro Señor y salvador, somos alumbrados por la luz del evangelio para vivir por Cristo y para la gloria de Dios. Por esto, mediante nosotros Cristo será manifestado al mundo como el Señor y salvador, como la esperanza para los perdidos, pues debiéramos vivir sin murmuraciones ante los designios de Dios y siempre sometidos en todo.

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