Recibamos el reino de los cielos como los niños reciben un regalo

El reino de los cielos se recibe con humildad y sencillez de corazón, pues quien se reconoce así mismo incapaz de salvarse por sus propios medios, e insuficiente para vivir bien, buscará en Dios todo y lo más importante. Por otra parte, al reconocer quién es Dios y que lo que hace es necesario para nuestra vida no podemos permanecer altivos y arrogantes. Solamente por Cristo podemos ser liberados del reino hostil y destructor de satanás.

«Un niño sin ningún afán vive dependiendo de sus padres, no se sobre preocupa por el mañana y con total seguridad pide lo que necesita. Debemos aceptar el ofrecimiento que Dios nos hace de su reino confiando que en él tenemos todo lo que necesitamos para ser suplidos en nuestra necesidad, para recibir la salvación y la vida eterna.»

Con total gozo y gratitud hay que aceptar las bendiciones de Dios, pero también sus mandamientos, ante lo que debemos someternos voluntariamente, pues el reinado de Dios es en nuestro corazón y en toda la vida. De esta manera es que podemos disfrutar a Dios, porque todo lo que nos ofrece y nos pide hacer forma parte de su propósito para que seamos salvos, sustentados y perseverados hasta el final, cuando Cristo nos dará la plenitud de su reino en la segunda venida.

En la comunión diaria con Dios podemos disfrutar su reino, esta comunión es a través de Cristo, pero también debemos ser diligentes y prontos para recibir de parte de Dios la palabra permanentemente con mansedumbre, ya que a través de ella somos guiados con el poder del Espíritu Santo en la voluntad de Dios. Siempre que nos estemos conformando a la voluntad de Dios por nuestra confianza y obediencia disfrutaremos su reino, porque no podemos pretender que vivimos el reino de Dios si no le creemos y no le obedecemos con sencillez y humildad como un niño.

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