Cantemos con gozo a Dios

Con total responsabilidad debemos reflexionar sobre nuestra adoración a Dios, por ejemplo, hay que pensar sobre cuándo y cómo fue la última vez que cantamos a Dios. Esto es supremamente importante, porque por un lado nuestra respuesta a Dios es de acuerdo con el concepto que tenemos de él, y es que precisamente en la alabanza le decimos a Dios no sólo lo que necesitamos, sino también, quién es él, y lo que sentimos.

“Alabar a Dios es la bendición de decirle a Dios, decir de Dios y pedirle lo que nuestra vida necesita. Cantar a Dios es hacer memoria de lo que ha hecho para salvarnos, de esto brotan las palabras de alabanza y el júbilo de nuestra adoración. Cómo no cantarle a Dios si nos fortalece para superar los males de la vida y nos retribuye con bendiciones.”

Siempre debemos prestar atención a la exhortación y a la invitación para alabar a Dios, para ofrecerle alabanzas a través del canto. Esto es conveniente para vivir una vida muy bendecida, ya que de este modo se honra al nombre de Dios, y es que el nombre que conozcamos de Dios indudablemente es el resultado de su manifestación y de sus favores. Nunca olvidemos que Dios honra a quienes le honra, por eso es por lo que, cantarle a Dios siempre será provechoso en nuestro diario vivir.

Nuestro canto a Dios debe ser con gozo, lo cual no implica que sea algo para nuestro agrado o propia satisfacción, es decir, nuestra adoración debe estar centrada en Dios a través de Cristo. Esto implica que el tema de nuestra alabanza es Dios, no un disparate de palabras sinsentido y sin fundamentos de fe. De la misma manera, el objeto de adoración es Dios y el único propósito es su gloria. Por esto en cada acto de alabanzas debe haber actitud y contenido de reverencia, admiración, arrepentimiento, gratitud y servicio.

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