Busquemos las riquezas del cielo

Cuando renunciamos a la posibilidad de ser enriquecidos con las riquezas celestiales para buscar sólo los bienes terrenales que perecen, aun cuando logremos mucho en esta vida, la pobreza espiritual será tal que no viviremos contentos, y lo más triste es que no tendremos esperanza eterna en el futuro. El dinero y los bienes materiales no son malos, pero si no damos cabida a Cristo en nuestras vidas ese si es el gran problema.

“Amar las riquezas de este mundo por sobre el amor a Dios es la perdición humana, o lograr posesiones en este mundo bajo la influencia del maligno es pobreza y miseria, además es poner la vida bajo la ira de Dios, pues el que vive conforme al sistema perverso de este mundo, se constituye enemigo de Dios y por esto mismo el amor de Dios no está en él.”

Anhelemos y busquemos lo que nos da vida eterna y completa felicidad. Esto es sólo posible cuando ponemos la fe en Cristo para creer como el salvador de nuestras vidas, ya que él es el único que nos puede sacar de la miseria y de la maldición del pecado, por eso es por lo que además de lograr vida eterna, podemos conocer la felicidad y el gozo completo en la vida venidera.

Las riquezas terrenales se deterioran y con ellas nuestra vida, pero para el que cree en Cristo las posesiones espirituales son para siempre y cada vez más abundantes y disfrutables. Todo lo que Cristo logró en la cruz es para la eterna satisfacción del ser humano, comenzando por el alma y también incluyendo el cuerpo. Así es como al recibir las bendiciones celestiales todas las demás cosas también nos son añadidas, pues al darnos Dios a su único hijo como salvador con él nos aseguró lo necesario.

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