Dios está con nosotros

El Dios Creador del universo, quien también creó al ser humano con toda la provisión, decidió relacionarse con nosotros para salvarnos, aun cuando no merecíamos de ninguna manera la muestra de su infinito amor. Ni la mínima compasión de Dios merecíamos, ya que prodigamos todo lo que de él recibimos, es decir, malgastamos todas sus bendiciones y deshonramos su imagen al pecar contra él por la influencia de satanás.

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, m que traducido es: Dios con nosotros.” Mateo 1:22-23 RVR1960

Dios descendió hasta nuestro lugar de pecado para acompañarnos en nuestro dolor y librarnos de la muerte como maldición y consecuencia por el pecado, por eso se humanó, para ser como uno de nosotros, aunque sin pecado. Aun cuando Emanuel no conoció pecado, le hicimos pecado, pues llevó sobre sí todas nuestras maldades por las que tuvo que sufrir el peso del castigo de Dios quien descargó sin piedad su ira para satisfacer plenamente su justicia.

Al recibir por la fe a Cristo en nuestros corazones, Emanuel es en nosotros, con nosotros y nosotros en Emanuel. Esto no es sólo la presencia espiritual de Dios, sino que también es unión, relación y comunión. Esta bendición espiritual es disfrutable y cultivables; disfrutables pues recibimos eterna salvación y experimentamos el gozo de esta bendición, y es cultivable, pues Dios mismo nos ha provisto los medios de gracia para el ejercicio diario de nuestra fe y desarrollo de nuestra vida cristiana.

Hoy podemos venir a Dios, porque él ha venido a nosotros, podemos encontrarlo, porque él vino a buscarnos. Por esto debemos clamar a Dios con mucha confianza y esperanza, pues se ha inclinado para atender nuestra causa, y está tan cerca que ha establecido su casa entre nosotros para mostrarnos su gloria, gracia y verdad.

Al disfrutar la eterna y manifiesta presencia de Dios somos salvados, santificados, consolados y fortalecidos ante las pruebas y en los embates por el pecado, así es como somos preservados a pesar de las adversidades espirituales y físicas en este mundo caído que llegará a su final, más nosotros seremos guardados para estar en gloria con nuestro Dios, y Dios con nosotros.

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