Temer a Dios nos libra de su ira

Siempre debe ser importante para nosotros el honor de Dios, y la manera en que podemos corresponderle es reverenciando su nombre, es decir, sujetándonos obedientemente para adorarlo como se debe. Cuando actuamos ante Dios de esta manera podemos recibir bendiciones que emanan de sus decretos para todos aquellos que lo reconocen como Dios.

“La manera en la que Dios se da a conocer y se relaciona con nosotros muestra su amor y misericordia, pero también se nos da a conocer que rechaza el pecado, que no da por inocente al culpable y que su ira se revela en los cielos contra toda impiedad, por esto mismo se nos advierte de su ira.”

Ante esto tendríamos que decir, que nos es conveniente acudir a Dios en humildad voluntaria haciendo reverencia para disfrutar de él, o debemos tener miedo y esperar su castigo eterno, aunque tal cosa hace vivir ahora mismo en miseria y sequedades a quienes no reconocer el honor de Dios. Respondamos a la presencia de Dios, y consideremos a Cristo como el medio único de Dios por quien nos perdona y nos une a él en una comunión disfrutable y eterna.

Esto nos ayuda a comprender que el respeto a Dios va más allá de decirle Dios, mencionar que existe, pedirle ayuda y ser religiosos. Más bien todo se trata de reconocer su autoridad a la que debemos responder por cada acto de nuestra vida, pero no por esto debemos estar frustrados y cargados de leyes y de ritos religiosos, sino que hay que disfrutarlos y creer que él es el autor en Cristo de nuestra salvación y que de él depende la vida en todos los aspectos. Respetar a Dios es obedecer todas sus disposiciones y aceptar con fe a Cristo quien fue enviado por él para salvarnos, porque quien no lo haga así sufrirá la manifestación de su ira.

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