Esperar no es lo más fácil, pero es lo más conveniente

Cuesta mucho aprender a esperar en Dios, nuestra impaciencia es por causa de la poca fe que tenemos, por eso a menudo Dios nos lleva a situaciones en las que forzosamente esperaremos en él, cuando ya no hay en quien más esperar, cuando nos quedamos solos y se acaban los recursos de los que siempre hemos dependido.

Pero luego también sucede que nos impacientamos de la tardanza de Dios cuando oramos esperando su pronta respuesta. Ante esto lo que debemos saber, es que Dios hace todo perfectamente planeado y eficazmente; Dios no hace nada al azar y nunca se equivoca. Aquí es cuando Dios nos enseña a depositar nuestras vidas a su cuidado, y aumenta la fe al someternos a procesos en los que el actuará a su modo y en su tiempo, así podremos experimentar sus tiernos cuidados y atenciones.

No nos inquietemos más de la cuenta por el presente, ni por el futuro, ni mucho menos descuidemos nuestra comunión con Dios, oremos y esperemos. Recordemos estas palabras; “Él tiene cuidado de vosotros.” 1 Pedro 5:7

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