Retengamos sólo la verdad

Las dudas apagan nuestras acciones de fe, nos vuelven indiferentes ante la voz de Dios, quien nos habla a través de su revelación, pero también, es mucho peligro y afecta ponerle oídos a todo y actuar en consecuencia de ello. Debemos aprender a escudriñar la palabra de Dios, a escuchar lo que quiere decirnos, pero hay que estar atentos, a que sea Dios a través de su Espíritu Santo el que nos oriente para ir únicamente siguiendo la verdad.

“Sólo lo que dice la Biblia y lo que se interpreta con la misma Biblia es digno de confianza y puede considerase regla para la practica de la fe y de la vida cristiana. En esto no funciona el intelectualismo, sino la actitud sumisa a Dios, para que sea él quien mediante la sabiduría del cielo y el Espíritu Santo nos de discernimiento y retenimiento de la verdad, de lo que es el evangelio y de cómo practicarlo en lo cotidiano. La abstinencia de meditar en la verdad daña, lo mismo, la mucha letra sin un sentido espiritual y sin filtro para desechar lo que no sirve y retener solo la verdad.”

Menospreciar la palabra de Dios por conformarnos con el conocimiento que tenemos no nos permite madurar, desarrollarnos, ni dar frutos. No pretendamos ser sabios, creyendo que no tenemos necesidad de oír la voz de Dios todos los días, porque entonces nuestros pensamientos, decisiones, acciones y experiencia con Dios se afectarán y afectará nuestra condición espiritual y por lo mismo la calidad de nuestra vida.

Daña demasiado creernos doctores o ser seguidores de aquellos vanidosos en cuanto al conocimiento de Dios, y de los que tienen como verdad el hecho de poder escuchar nuevas revelaciones de Dios. Recuerde usted, que Dios continúa hablando permanentemente, pero a través de lo que ya ha revelado en las escrituras.

No cambiemos la verdad de Dios por palabras motivadoras, ni por mensajes basados en declaraciones o decretos humanos, ni tengamos como leyes las doctrinas de los hombres. Aferrémonos a la verdad que nos muestra a Cristo como el Señor y el Salvador de nuestras vidas, que se explica y aplica con la Biblia y con el Espíritu Santo, porque sólo así seremos transformados y fortalecidos ante el mal.

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