Evitemos el castigo divino

A pesar de nuestros pecados Dios no desea para nosotros el mal, por eso nos ha provisto al salvador, porque tiene como propósito sacarnos de la condición miserable y tiránica del pecado, en donde el sufrimiento y la desesperación son constantes. Una ves que nos ha sido dado el salvador Dios nos llama, motiva y convence para que por la fe en Cristo nos arrepintamos y busquemos la gracia del perdón, para que en la miseria recibamos la gracia y el gozo en lugar de nuestra tristeza.

“¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.” Isaías 1:5-6 RVR1960

La rebeldía ante Dios y toda transgresión a sus normas amerita castigo cotidiano y destrucción eterna. Esto lo demanda la justicia de Dios, porque él no puede dar por inocente al culpable, sin embargo, para eso vino Cristo, para cumplir con las exigencias de Dios, sufrir el castigo de nuestros pecados y una ves pagada nuestra deuda por él podamos ser salvos ahora mismo. Pero tenemos que aceptar con fe su obra para que sea aplicada a nuestra vida.

Los que continúen en rebeldía seguirán lejos de Dios, sin su presencia manifiesta que infunda paz y deleite cotidiano, tendrán incertidumbre de un buen futuro, por eso hoy Dios nos recuerda, que el mal que vivimos en el mundo es la consecuencia de nuestras maldades, nos advierte que esto continuará y que en el futuro será peor y eterno si no nos arrepentimos.

Hay que aceptar que pecamos porque somos pecadores y que somos pecadores porque pecamos, es decir, tenemos por herencia una naturaleza depravada, nacemos con el mal del pecado y por eso pecamos, pero también pecamos porque decidimos pecar. Sólo Dios puede ayudarnos en este mal que ha invadido todo nuestro ser y que nos hace rechazar la ley de Dios y despreciar en rebeldía su voluntad.

La única manera de recibir la gracia de Dios es aceptando nuestra total corrupción, declararnos incapaces de resolver nuestro problema y volviendo a Dios en Cristo. No hay otro camino ni otra alternativa, porque solo los que se humillan alcanzan misericordia. Pero no debemos buscar a Dios por el miedo a su castigo, sino porque él se merece temor reverente, porque reconocemos que es nuestro Creador y que su amor es incomparable, ya que su propósito para salvarnos es libre y sin que lo merezcamos.

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