Dios mostró su amor al sacrificar a su único Hijo para darnos vida

En el sacrifico de Cristo para salvarnos se mostró el amor de Dios y la voluntad de Cristo, lo cual hace incomparable al eterno Consejo de Dios quien decretó rescatarnos de la miseria. Dios decidió amarnos, aunque no merecemos ninguna de sus bendiciones, mucho menos, que entregara todo por nosotros y que Cristo sufriera tan cruel dolor para librarnos de la condenación eterna.

“Nadie es capaz aparte de Dios, de derramar su juicio sobre su propio hijo, para hacernos libres del castigo y ofrecernos sus bendiciones, por eso, con fe debemos aceptar el amor eterno de Dios y recibir la salvación eterna.”

Dios nos dio a Jesucristo para mostrase como un Padre bondadoso en quien podemos reposar y encontrar todo lo que necesitamos para estar bien. Así como un padre es protección, provisión y la dirección para sus hijos, Dios espera que lo consideremos nuestro padre de amor en todo.

Dios no está lejos de nosotros, ni es malvado o tirano, ya nos ha demostrado que quiere lo mejor, así que no despreciemos lo que nos ha ofrecido, no dejamos para mañana lo que ahora le urge a nuestra vida, ya que no podemos vivir bien sin la experiencia con su amor, porque tal cosa implica recibir la eterna salvación en Cristo.

Todas las palabras de Jesús y su obra ministerial hablan del corazón amoroso de Dios, por supuesto, como ya lo hemos dicho, su muerte en la cruz es la expresión más grande del amor, pero al analizar con detalle todo lo que Cristo realizó mientras se movía de un lugar a otros, nos hace pensar, que hoy podemos pedir ayuda en su nombre para cada situación cotidiana de tribulación, ya sea por nuestras enfermedades, necesidades del pan, preocupaciones y por todo lo que oprime nuestro cuerpo. Esta visto que Dios no se reservó nada para él, así que este amor también se define como entrega total.

El resultado de la muerte de Cristo es la vida eterna en los que creemos, y esto es así, ya que voluntariamente fue nuestro sustituto, es decir, tomó nuestro lugar bajo maldición. Cristo cargó con nuestra muerte como castigo por nuestros pecados, así, ni ahora, ni nunca volveremos a sufrir maldición como consecuencia por el pecado, ni por la opresión de satanás.

Aunque físicamente padecemos y enfrentaremos la muerte, en el día glorioso de Cristo vamos a resucitar, y moraremos con él por siempre, pero los que no creen en Cristo, serán expulsados para siempre, y su maldición por el pecado será consumada, pues el distanciamiento con Dios será total, lo cual lleva como nombre muerte segunda.

Disfrutemos hoy la vida bajo el amor divino, que cada momento sintamos la certeza que el amor de Dios nos basta y la esperanza de todo lo que en el futuro nos ha prometido, porque si nos dio a Cristo para tener vida, con el nos aseguró todas las cosas.

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