En Cristo hay perdón y limpieza para nuestra vida

Siempre debemos procurar salir limpio del pecado, y como nuestra lucha contra el mal es permanente hay que fortalecerse con el poder de Cristo quien venció las tentaciones, pero además terminó con el poder del mal en la cruz, también por medio de Cristo somos perdonados al confesar las faltas delante de Dios en arrepentimiento. Seamos conscientes que, se tiene que resistir al mal, pero si en algo pecamos no está leja la gracia para resolver nuestro problema espiritual.

«No caigamos en el auto engaño de no reconocernos pecadores, porque entonces hemos nublado nuestra conciencia, pervirtiendo el entendimiento y contristado al Espíritu, por lo que de está manera, no podremos decidir correctamente buscar el perdón, lo que hará que la vida se torne triste, vacía, transitando por el camino de maldición y muerte.»

El pecado no se extingue de la vida con un lavado de consciencia en la fuente del sistema de este mundo que no llama al pecado como es, ni tampoco somos justificados con un razonamiento que nos haga pensar que somos tan débiles como para que Dios se compadezca de nosotros, porque, aunque en realidad Dios nos ve como víctimas del pecado y de nuestras debilidades, debemos ponernos a cuentas con él, movidos por la fe en Cristo nuestro salvador, confesándolo Señor de nuestras vidas.

Tenemos que ser diligentes en la comunión con Dios, siempre ejercitándonos en la fe y procurando todos los medios de gracia para crecer, madurar y estar firmes en Cristo. El gran problema ante el pecado es la falta de responsabilidad por darle más lugar al mundo y, a las cosas materiales, por eso no atendemos nuestro problema fundamental, cuando tendríamos que ser más consistes en la necesidad de Cristo en nuestras vidas, por lo que tenemos que conságranos más y depender de sus méritos en la cruz.

Vivamos la vida siempre esperanzados en Cristo, porque precisamente la gracia se ofrece a los pecadores, pero nótese bien, a los pecadores, no ha quienes no reconozcan sus faltas, aunque vivan hundidos en la miseria espiritual. Recordemos que el amor de Dios y su gracia para con el pecado no desaparece su ira, pues el que rechaza la misericordia de Dios esta siempre bajo el reflector de la ira de Dios sufriendo las consecuencias del pecado mientras llega el juicio final y la sentencia del eterno castigo.

Conforme a la confesión de nuestros pecados recibimos el perdón porque esta es una condición divina, ya que ante esta actitud espiritual nos aferramos a Cristo y nos esforzamos en la gracia, cosa que necesitamos todos los días como parte de nuestra santificación y transformación a la imagen de Cristo, por quien también somos preparados para toda buena obra en su reino, en donde debemos servir como siervos del que los redimió del mal.

La efectividad de la gracia en Cristo al confesar nuestros pecados es porque él es fiel ante Dios y es nuestro intercesor, pero, además, porque nos participa de su justicia, es decir, al cumplir Cristo todas las exigencias de Dios para no tomar en cuanta nuestras faltas y culpas, quedamos libres de toda condenación, y en su lugar disfrutamos el gozo de la salvación y de todas las bendiciones de Dios. Asique, confesemos hoy nuestros pecados y no pospongamos lo que urge en nuestra vida.

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