Dios nos amó sin merecer su amor

Cuando nosotros éramos incapaces espiritualmente para salvarnos y opuestos a la voluntad de Dios y propósitos, él manifestó su amor, pues a pesar de ser quienes éramos, envió a su único Hijo para para que muriera para salvarnos, porque Dios mismo había decretado que sin derramamiento de sangre no hay libertad por la culpa del pecado.

“La muerte de Cristo fue necesaria y suficiente para que recibamos el perdón, porque cargó con todos nuestros pecados muriendo en la cruz para pagar por todos ellos. Nuestra culpa ante Dios fue la causa de la cruz de Cristo, pues él quiso sufrir en nuestro lugar para que hoy seamos libres eternamente de toda culpa de pecados.”

El acto de la cruz de Cristo en el mundo es únicamente el resultado de su amor, porque nosotros mereciendo sólo el castigo eterno por nuestras maldades, quiso rescatarnos sacrificando su propia vida. No éramos merecedores del amor soberano de Dios, porque todas nuestras acciones deshonraban su nombre, porque a pesar de ser nuestro creador y habiendo recibido de él el sustento vivíamos despreciándolo.

Bajo el poder de satanás vivíamos en arrogancia, contrarios al bien, pero a pesar de esto, Dios nos amó para que podamos ser libres de las mentiras y obras de satanás y nos dio un lugar de gloria ante él, ya que al creer en Cristo participamos de todos los beneficios de la cruz.

Si hoy tenemos el amor de Dios, tenemos seguras todas las cosas que necesitamos para estar bien, podemos participar de todas las promesas, de las bendiciones eternas y cotidianas, es decir, es posible tener y disfrutar la salvación y la vida eterna, y lo necesario todos los días hasta esperar el retorno glorioso de Cristo para llevarnos a su gloria.

Compartir