Cristo nos liberó de la opresión de satanás

Jesucristo es la respuesta eterna de Dios para el problema más grande del mundo, Dios lo designó y lo ungió para ser el Cristo que tomara la cruz de manera voluntaria, porque al ofrendar su vida, Dios se agradó al él mismo, cosa que nosotros no podíamos hacer en la condición en que nos encontrábamos, pues estábamos bajo el poder de satanás y lejos de Dios por el pecado. Cristo en la cruz sufrió el castigo de nuestros pecados, eliminó la culpa que había en nuestra contra, así satanás perdió todo poder y autoridad de nuestras vidas.

“Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” Hechos 10:37-38

La palabra de Cristo, sus milagros, el trato con las personas y su cruz reveló el amor del Dios y el propósito de destruir las obras del diablo, porque sólo quedando libres del poder de satanás podemos tener comunión Dios, podemos servirle y agradarlo. La salvación es obra de Dios en Cristo, por eso nos ayuda para que conozcamos a Cristo y creamos en él, así participamos de los logros en la cruz, tenemos perdón, restauración y victoria.

Satanás no pudo detener el impacto que provocaba la persona de Jesús, ni como sus palabras revelaban a Dios, ni mucho menos podo impedir que Cristo triunfara en la cruz al consumar perfectamente nuestra salvación, por eso es por lo que el golpe de la cruz pegó directamente en la cabeza de satanás, y el evangelio vino a ser para nosotros el poder de Dios para salvación.

El Espíritu Santo siempre estuvo con Jesús, nunca lo dejó porque Dios lo equipó para su obra, y como Jesús todo lo hizo conforme a la voluntad de Dios el Espíritu Santo permaneció hasta el final como muestra de que la obra de salvación fue bien recibida por Dios.

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