Nuestra descendencia encuentra la felicidad en el camino correcto

La vida correcta es la que se vive de acuerdo con el evangelio, y los justos son los que confían en todo lo que Cristo hizo para agradar a Dios, tienen como modelo de vida a Jesús, quien siempre estuvo dispuesto a obedecer a Dios. Lo correcto de nuestra vida consiste en anhelar honrar a Dios por gratitud y como resultado de la salvación.

“Siempre que conozcamos mejor a Cristo experimentaremos los resultados de su gracia con la que somos transformados y nos gozamos en la salvación. Esto nos ayuda para sentir y saber que hay razones por las que debemos prestar atención a Dios y para amoldarnos a Su Palabra.”

Cristo vino cuando vivíamos lejos de Dios, separados por el pecado y bajo dominio de satanás. Como Cristo es la respuesta para resolver este problema espiritual debemos prestar oído a su palabra, porque con ella somos guiados en toda verdad, en lo que a Dios le agrada y por lo que él bendice a sus hijos. Cristo es el camino que nos lleva a Dios, nos une con él y disfrutamos las bendiciones de la salvación y de la vida eterna.

La vida justa es la que resulta de creer en Cristo, porque, aunque al confiar en Cristo Dios nos declara justos, es su voluntad hacernos justos y para ello nos provee los recursos espirituales. La gracia es suficiente para tener una nueva vida, en la que Dios obra renovándonos y fortaleciendo, así se hace visible nuestra fe en Cristo, disfrutamos a Cristo y nos convertimos en sus testigos comenzando en nuestro hogar. Por esto es por lo que, cuando hay una nueva vida, en la casa todos serán influenciado con el evangelio con la ayuda de Dios.

La integridad es resultado de la manifestación de Dios mediante el Espíritu Santo quien día a día opera en nuestros corazones para ser de una sola pieza ante Dios, es decir, que solo vivamos para él. La obra de Dios y nuestro crecimiento espiritual son evidentes en nuestra propia persona y nuestra familia puede dar testimonio de que somos hijos de Dios, creyentes en Cristo y servidores, además son bendecidos con nuestro testimonio.

Nuestros hijos aprender honrar a Dios, cuando desde la infancia nos ven creer en Cristo, sujetarnos a Dios y gozarnos en él, pero, además, es nuestro deber orientar a la descendencia para que vivan de acuerdo al plan de Dios en Cristo, ya que sólo así es como el ser humano puede encontrar la felicidad y esto es cuando al creer en Cristo recibimos la salvación y vida eterna.

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