Aceptemos hoy la invitación para anunciar el evangelio

Estar dispuestos a compartir la buena noticia del evangelio es nuestra mejor decisión. Esta decisión es impulsada por la convicción de que Cristo es nuestro salvador perfecto y que en él hemos recibido la mejor bendición. El privilegio de compartir a otros el evangelio se recibe por gracia. Esta es la oportunidad que todo creyente tiene para servir a Dios en lo que él tanto anhela, pues Dios desea que el ser humano no se pierda, y para esto necesita creer en Cristo, pero también por el oír de la palabra viene la fe.

«Dios ahora mismo busca a aquellos que irá por el mundo predicando a Cristo, si recibes el llamado no dudes en decir, “aquí estoy yo Señor, envíame a mí”. Es nuestro deber cristiano orar para que hallan nuevos obreros dispuestos a dejarlo todo y tomar el camino de la evangelización mundial. Toda la iglesia de Cristo, cada creyente y las familias debemos tener la visión de que los perdidos sean encontrados con el evangelio, que los que viven esclavos del maligno sean liberados por el poder del evangelio.»

Dios desea alcanzar al mundo mediante la predicación del evangelio. Cristo ya cumplió con su obra en la cruz, ahora nos corresponde a nosotros difundir la noticia de su muerte por nuestros pecados, su resurrección conforme a las escrituras y que pronto vendrá por su iglesia. Dios quiere personas deseosas y comprometidas, las cuales solo podrán ser aquellos que todos los días se centran en la palabra para conocer más en evangelio y disfrutarlo. Cuando el evangelio toca lo más profundo de nuestro ser y hace su obra perfecta no podemos callar tan especial poder y gracias, por esos es por lo que, todo creyente debe convertirse en un predicador nato.

Los que somos testigos de Cristo en este mundo perdido, y todos aquellos que se sumen a esta noble labor, debemos saber que somos voluntarios y enviados, es decir, aceptamos por gracia la gran comisión, pero es Cristo el que nos da su poder y él es la palabra que debemos compartir. Si no servimos en el reino de Cristo con amor y obediencia nuestra tarea fracasa y si no hacemos las cosas como corresponde según Cristo también fracasaremos, porque todos los resultados en la labor vienen de Dios. Cuando obedecemos al ser enviados a la proclamación nos convertimos en la boca de Cristo y nuestro comportamiento también debe ser como el de Jesús, por eso debemos imitarlo y así el mundo verá en nosotros la luz del evangelio. Aceptemos hoy la invitación y vayamos a compartir la buena noticia.

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