Somos hijos de Dios porque nos amó sin que lo mereciéramos

Sin ninguna otra razón, más que por su puro amor, Dios nos eligió para que seamos sus hijos. Todos los seres humanos vivíamos en rebeldía contra Dios a causa de satanás y del pecado, no merecíamos ningún don celestial, sin embargo, Dios nos dio lo mejor, lo más grande que se puede recibir en esta vida y en la venidera, y esto es sólo resultado de su gran y puro amor. Dios nos apartó desde la eternidad para hacernos sus amados, para que nos vaya bien ahora y en su gloria. Dios quiere nuestra consagración para su alabanza y servicio, por esto es por lo que debemos vivir conforme a la vocación de nuestra elección y llamado.

“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,” Efesios 1:4-6

Nuestro destino glorioso ha sido escrito y ejecutado por Dios en Cristo; Dios decretó libremente que seamos parte de su familia, de su pueblo santo para disfrutar sus bondades sin que merezcamos ninguna de ellas. El mayor problema humano para no merecer el bien de Dios es el pecado, por eso Dios solucionó este problema mediante Cristo. Dios nunca pasó por alto nuestros pecados, pues entregó a su hijo al dolor para que sufriera en nuestro lugar, y de la misma manera, como Dios exige obediencia para esto también vino Cristo, así es como él logró lo que nosotros no podemos. Somos bendecidos con la muerte y obediencia de Cristo, pero debemos creer en él y aceptarlo como nuestro único salvador.

Dios no nos eligió porque supiera que íbamos a ser santos, él nos eligió aun cuando sabía que íbamos a ser pecadores, y lo hizo para santificarnos por la muerte de Cristo el Salvador. Dios obra en la vida humana con el evangelio y por medio del Espíritu Santo, nos convence, motiva y nos mueve para que vengamos a él, nos alumbra el camino para que guiados encontremos al salvador. Creemos, nos convertimos y somos trasformados sólo por la gracia de Dios en Cristo, por eso es por lo que la salvación es la perfecta obra de Dios sólo por su amor. Procuremos con la ayuda de Dios nuestra perfección, es decir, ser limpios de todo pecado viviendo entera y eternamente sólo para su gloria.

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