El reino celestial nos fue dado como un regalo

La grandeza del pueblo de Dios no es por cuantos seamos o por quienes seamos, sino por la presencia de Cristo que nos salva y por su reino en nuestros corazones, el cual también se manifiesta en el mundo. Cristo nos guía, nos provee y nos protege, así participamos de la grandeza de su reino. Por esto mismo, Cristo es el que ocupa el primer lugar y nos gloriamos en él, no en nosotros. Nuestro anhelo debe ser que el mundo conozca a Cristo y que todos le rindan honor como Salvador y Rey de nuestras vidas y de todos los que creen.

«Aunque la realidad del pueblo de Dios en el mundo, es como una oveja en medio de lobos, no debemos dudar de nuestra seguridad, porque Cristo como el buen Pastor ha dado su vida para que tengamos vida eterna, ha vencido al enemigo de nuestra alma y siempre está con nosotros para protegernos y para hacernos prosperar hasta su gloria. Si sentimos ser arrasados por el mal busquemos el amparo divino, porque, aunque suframos aflicciones no seremos destruidos, ni nuestra fe será eliminada, porque Cristo es el que reina.»

Dios siempre tratará a su rebaño con ternura y con amor inagotable, lo cual significa su presencia permanente y esto nos asegura todo lo necesario, porque Dios tiene todo para suplir nuestras necesidades y por eso mismo nos dio a Cristo. Así que, si Cristo nos fue dado, por medio de él nos dará todas las cosas. Precisamente, a través de Cristo el reino de Dios vino a nosotros, y somos parte de este reino porque a través de Cristo llegamos a Dios y fuimos acepados por él. Nada puede escasear en este reino en donde Cristo es el Rey y lo ha dado todo en la cruz por nosotros.

Recibimos el reino como un regalo, porque nada hay en nosotros que nos permita merecer el reino celestial y todas sus riquezas, ni por nosotros mismos podemos lograr la ciudadanía de este reino. Dios lo hizo todo por medio de Cristo y por medio de él nos permite recibir y disfrutar todas las bendiciones, mientras esperamos la manifestación plena de la gloria de este reino cuando estemos con Cristo cara a cara por siempre.

Seamos activos en el reino de Dios e impactemos en el mundo con poder, porque aun cuando somos un pueblo pequeño y humanamente débil, el poder de Cristo reside en nosotros. Disfrutemos sirviendo y agradeciendo en este reino celestial que nos fue dado como un regalo.

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