Usemos nuestra fortaleza cristiana para ayudar a lo débiles en la fe

Dios nos hace fuertes en Cristo para ser gratos delante de él, pero también para agradar al prójimo en cuanto a la verdad se refiere y en todo aquello que es para edificación. Ser fuertes nos da estabilidad, firmeza y sirve para que podamos soportar la debilidad de los que inician la vida nueva en Cristo, los cuales necesitan crecimiento y estabilidad para que puedan perseverar siempre en el evangelio. No es que la perseverancia o el crecimiento cristiano dependa de nosotros, esto es obra de Dios, pero Dios nos usa para este propósito.

“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.” Romanos 15:1-2

No se trata de buscar la gloria y el reconocimiento de las personas, sino más bien, que Cristo sea honrado a través de nuestro testimonio lleno de gracia y de amor, ni tampoco implica, que tengamos que solapar la maldad en las personas, sino de enseñarle a los débiles a fortalecerse en Cristo buscando el perdón, la restauración y la edificación, porque de este modo serán fuertes ante la tentación y en las tribulaciones, cosa que en realidad todos necesitamos y necesitaremos siempre.

La madurez cristiana y la fortaleza son esenciales en la vida de servicio, pues es así cuando quitamos los ojos de nosotros mismos para mirar a los demás no con el propósito de juzgarles o condenarle, sino para ayudarlos, y de ese modo Dios nos sigue edificando a nosotros. Así que, en realidad, una manera de seguir creciendo en nuestra fe y cultivando nuestra comunión con Dios, es dejándonos usar para su gloria. Seguramente al servir de esta manera vamos a sentir satisfacción y gozo, ya que incluso, Dios se goza cuando un pecador se arrepiente y del mismo modo cuando sus hijos son edificados.

Nuestro servicio para ayudar al prójimo en su desarrollo cristiano no está centrado en ellos, ni en nosotros, sino en la verdad del evangelio. Por esto es por lo que, sólo los que conocen la gracia y el poder del evangelio pueden ayudar a otros a salir de ellos mismos, para darle lugar a Cristo en sus vidas, ya que finalmente, sólo será bueno en la vida de nuestro hermano menor aquello que está conforme a la Palabra y en los propósitos de Dios para su salvación y crecimiento cristiano. Así que, procuremos que nuestra fuerza no sea para destrucción, sino para edificación, y que nuestra perfección agrade a Dios y a todos los que nos rodean, los que viven conforme a la verdad, pero necesitan crecimiento.

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