Lo que conocemos de Dios el mismo nos lo comunica

En todas las demás cosas el hombre se coloca sobre el objeto que quiere estudiar, pero en el caso de Dios, él siempre estará por encima de nosotros, en el está el origen de nuestro intelecto y podemos adquirir el conocimiento que él mismo nos ha querido comunicar. Dios no es un objeto de estudio, él se manifiesta como un sujeto activo comunicándose con nosotros de manera personal para que podamos entender su plan y propósito de salvación.

“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.” Juan 14:8-11 RVR1960

Dios es más de lo que se puede conocer de él, pero lo que ha dicho de sí mismo y en relación con nosotros es suficiente para que podamos entender que se merece toda la gloria y para que podamos gozar de él para siempre. Debemos apropiarnos del conocimiento que Dios ha revelado para que podamos participar de sus promesas y bendiciones eternas.

Cuando tenemos el interés de conocer a Dios para responderle de manera correcta como criaturas, sin lugar a dudas nos vamos a encontrar con Cristo, porque Cristo es la bendición eterna de Dios para que nos relacionemos con el y para que en verdad participemos de sus bendiciones.

No se puede conocer a Dios verdaderamente sino enfocamos nuestra mirada de fe en Jesucristo y si no entendemos por lo mimo el mensaje del evangelio. La única manera de experimentar la comunión con Dios y la única forma para ser bendecidos con el conocimiento de él, es cuando aceptamos que sin Jesucristo es imposible unirnos a Dios y mantenernos en una relación eterna para contemplar y disfrutar el propósito para el que fuimos creados por Dios. Cuando profundizamos en el conocimiento del evangelio adquirimos más conocimiento de Dios y somos regenerados en la relación con Dios y en nuestra condición y calidad de vida.

No es la razón humana la que se lleva los méritos por conocer a Dios, ya que es Dios el que se da a conocer al ser humano por los ojos de la fe. Y ya cuando como personas estamos en esta condición espiritual de vivir la experiencia de la revelación de Dios y comunión en él, nuestro razonamiento es santificado, porque finalmente, nuestra fe tiene su asiento en la Palabra de Dios.

En el tiempo de Jesús muchos tenían la Palabra de Dios a través de Moisés y de los Profetas y ni aun así reconocieron a Cristo como el Hijo de Dios, lo cual significó que el conocimiento que ellos tenían de Dios a través de lo que estudiaban no era claro, aunque la Palabra de Dios era clara. Los que rechazaron a Cristo tampoco pudieron conocer a Dios, porque Justamente su persona, palabras y hechos les daban testimonio de Dios y de su plan de salvación por medio de Cristo.

Hoy nos toca a nosotros crecer en el conocimiento de Cristo, porque por medio de él podemos conocer a Dios y relacionarnos en una comunión eterna. Para conocer a Cristo tenemos la Palabra que nos ha sido dada por medio del Espíritu Santo registrada en la Biblia. Debemos dejar que la Biblia nos hable por si sola el mensaje del evangelio a través de toda la Biblia, y por lo mismo, debemos escuchar solo los mensajes que explican la Biblia con la misma Biblia.

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