Únicamente con la justicia de Cristo es quitada nuestra culpa

Nuestra culpa por el pecado no es quitada por buenas obras personales. Nadie puede agradar a Dios por las acciones personales, como para que Dios pase por alto nuestro pecado con el que nacimos. Sin el perdón recibido mediante la obra de Cristo nadie puede ser justo delante de Dios, ya que todas las acciones humanas están contaminadas por la naturaleza pecaminosa con la que nacemos, como descendientes de Adán.

“Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” Gálatas 5:5-6 RVR1960

El Espíritu Santo nos convence de nuestra incapacidad espiritual, por eso nos guía en arrepentimiento al evangelio, en donde verdaderamente podemos resolver nuestro problema espiritual confiando en la justicia de Cristo, porque él fue el que sufrió el castigo por nuestra vida injusta, y obedeció a Dios por nosotros para cumplir con las demandas de su justicia. Por esto es que, solo mediante la fe podemos recibir las bendiciones espirituales de la obra de Cristo, porque no se trata de nuestra capacidad para obedecer, sino de recibir la fe como un don de Dios para ser salvos en Cristo.

Con el poder del Espíritu Santo operando en nosotros, somos colocados en Cristo y ahí también somos perseverados, para que la experiencia de la justicia de Cristo nos permita disfrutar la bendición de la salvación, pero también, de la transformación. Es de esta manera como Dios nos declara justos y nos va haciendo justos hasta el día de la gloriosa segunda venida de Jesucristo. Así que, ninguna obra externa o acciones nuestras nos pueden reconciliar con Dios, porque nada ni nadie fuera de Dios puede declararnos no culpables, y eso Dios lo hace por Cristo, quien es justo y entregó su vida por los injustos.

Tengamos confianza permanente en lo que Cristo hizo por nosotros, y que todas las cosas que hagamos sean por medio del evangelio, es decir, la práctica de nuestra fe es dirigida por el Espíritu Santo a través de evangelio. Si queremos oír la voz del Espíritu Santo, esto es posible a través de la Biblia, lo que, a su vez, es la revelación del evangelio. Esto quiere decir, que estar en el Espíritu Santo, es estar en el evangelio, lo cual implica estar unidos a Cristo disfrutando de la salvación y de todos los favores de Dios, porque Cristo llevó a cabo su obra para cumplir por nosotros con la justicia de Dios.

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