Cristo nos libera de la ira de Dios y de la vida pecaminosa

El despreciar la ley de Dios y actuar en contra de ella hace que la ira de Dios merecidamente se muestre en el cielo esperando el tiempo para ser manifestada en el día del gran juicio final. Pero Dios quien también es rico en misericordia ha revelado la salida de la condenación para las personas, Dios nos ha dado a Cristo por quien nos quita la culpa si ponemos nuestra confianza en él.

«De manera natural y lógia Dios va a despreciar todo lo que es contrario a su santidad, por eso el ser humano en la condición de pecador no arrepentido se mantiene separado de Dios y sufriendo internamente el hecho de que no puede tener comunión con Dios, ya que Dios originalmente nos creó para que siempre estemos en una relación estrecha para glorificarlo y disfrutar de su presencia.»

El plan de Dios por medio de Cristo es nuestra reconciliación con él y nuestra transformación a su imagen para que de esta manera podamos estar en la gloria de Dios de la cual fuimos cortados por causa del pecado. Cristo es el único Salvador, él nos ha salvado de la ira de Dios, pues sobre él Dios derramó su ira en la cruz del calvario y así Cristo satisfizo la justicia divina que demandaba condenación para el pecador.

Sin Cristo el hombre continuará esclavo del pecado y de satanás, opuesto a Dios y destruyendo todo lo que Dios ha creado, porque el ser humano sin Dios se opone también al prójimo y a la misma creación que es el escenario de la gloria de Dios y obra de sus manos. Por esto es por lo que, el propósito de la obra de Cristo ciertamente es que seamos libres de la ira de Dios, pero también por lo mismo, del poder del pecado y de satanás, para que ahora tengamos una nueva naturaleza según Cristo, disfrutando el favor de Dios.

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