Seamos buenos como Dios es bueno

Es el deseo de Dios que en nuestros corazones no reine la amargura ni el resentimiento, más bien que la presencia de Dios en nuestras vidas se refleje con el amor. Todo el tiempo tenemos la oportunidad de manifestar lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, ya que él nos recibió a pesar de nuestras imperfecciones y lo hizo con el propósito de salvarnos, transformarnos y darnos todas sus bendiciones.

«Solamente el corazón que ama está dispuesto para perdonar y buscar la reconciliación, entendiendo que el ser humano es propenso al error, pero que para eso vino Cristo, para que seamos perdonados y reconciliados con Dios y esto debe manifestarse en nuestras relaciones, porque realmente quien ha recibido la gracia del evangelio debe ser compasivo y misericordioso con quienes pecan en su contra.»

Amar a una persona es tomar la decisión de pasar por alto sus faltas, el verdadero amor es hacerles bien a las personas sin esperar que merezcan el bien, porque fue así como Dios nos amó. Con el amor debemos dominar la carne que ansía venganza y que guarda rencor, por eso no debemos esperar que nuestros sentimientos nos guíen, sino más bien la convicción y la decisión de hacer la voluntad de Dios, porque Dios desea que seamos buenos como él es bueno.

Cristo quitó para siempre el pecado que nos mantenía enemistado con Dios como parte del plan de Dios para que hoy tengamos sus bondades. De la misma manera, si no perdonamos para que el pecado no nos separe de las personas, no podremos vencer el mal y no vamos a tener las bendiciones que Dios da a quienes actúan con la gracia del evangelio, porque incluso, aun nosotros seguimos fallando a Dios y él nos perdona, y la prueba de nuestras fallas, es que precisamente nos cuesta perdonar y reconciliarnos con las personas. Seamos buenos con todos siguiendo el ejemplo de nuestro Padre Dios, quien nos hace siempre bien por medio de Cristo.

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