Disfrutemos con gozo el proceso de nuestra santificación

Dios tiene el propósito de limpiar nuestro corazón y debemos aceptar este deseo, primero porque es la única manera para tener comunión con Dios, y segundo porque nosotros no podemos lograr esto con nuestros propios medios ni con nuestra voluntad. Un corazón emblanquecido es el que ha sido perdonado, es libre de la culpa, tiene la presencia de Cristo y que está siendo transformado por la obra permanente del Espíritu Santo a través del evangelio.

«Cuando nuestro interior está limpio por la sangre de Cristo y está en una constante consagración, así toda nuestra vida se verá impactada por esta bendición espiritual. De esta manera nuestros pensamientos, deseos, sentimientos, decisiones y acciones tendrán la influencia de la condición de nuestro corazón. El estado espiritual de nuestro corazón es determinante para nuestra manera de vivir, ya sea que vivamos para la gloria de Dios o en contra de él, siempre opuestos a su voluntad y a sus buenos propósitos para nuestra vida.»

Jamás nos puede ir bien si nuestro corazón está lleno del pecado y bajo la influencia espiritual de satanás. Por esto necesitamos del poder y de la gracia bendita de Dios, para que seamos libres del gobierno de satanás y para que seamos limpiados del mal. Así inicia nuestra comunión con Dios en la que podemos disfrutar sus favores espirituales y por quien seremos impulsados a vivir todos los días conforme a su propio corazón santo.

El poder relacionarnos hoy con Dios y cultivando siempre esta bendición espiritual creceremos en la confianza de ver un día a Dios cara a cara. Creemos que el proceso de nuestra santificación dura toda la vida y que cuando Cristo venga esto será pleno en nosotros y así estaremos listos totalmente para vivir con Dios santamente por toda la eternidad. Anhelemos el deseo de Dios para que nuestra vida esté limpia, creamos en Cristo para ser perdonados y permanezcamos en él para que constantemente vayamos siendo santificados. Procuremos el propósito de ser purificados y disfrutemos la alegría que de esto resulta, ya que esto es posible solamente en la comunión con Dios por medio de Cristo.

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