Nuestras oraciones llegan al trono celestial

No le pidamos a Dios señales, solamente oremos y esperemos pacientemente su respuesta, porque el tiempo que tarde y la forma en la que responda será dentro de lo perfecto y exacto que él es. No tratemos de entender a Dios porque nuestra mente no alcanza para lograr eso, mejor aprendamos a confiar, porque cuando así ocurre nuestro corazón se llena de dulce calma para afrontar todo seguros de que Dios está ahí para ayudarnos.

Desde el primer momento de nuestra oración Dios está activo en nuestro favor, jamás le demos lugar a la obra de satanás que nos puede hacer pensar que somos personas espiritualmente fracasadas, que no valemos nada porque Dios no nos atiende. El maligno busca que lleguemos a la conclusión de que es inútil que estemos orando porque Dios no nos responde. Estemos seguros de que una vez que oramos nuestra oración ya está en el trono celestial y las manos poderosas de Dios se activan para obrar con su misericordia y con toda la intención de ayudarnos.

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