Cristo nos salva del pecado y de la condenación

No hay un mejor plan como el de Dios, porque el plan de Dios consiste en nuestra eterna salvación, es un plan que perfectamente se completará, ya que el sacrificio de Cristo como la obra más importante para nuestra salvación fue consumado en toda su perfección. Esto nos debe dejar muy claro, que si queremos disfrutar la salvación hay que creer en Cristo, confiando en su sacrificio y su palabra debe ser la que guíe nuestra vida, porque precisamente esto implica ser verdaderos creyentes que practican la fe de acuerdo con la palabra que hoy tenemos revelada.

Precisamente el contenido de la palabra del evangelio consiste en aceptar que Cristo murió por nuestros pecados, tal y como fue anunciado, y que resucitó al tercer día, así como fue profetizado. Esto debemos creerlo, ya que el problema principal del ser humano que lo hace estar lejos de Dios y a merced de satanás, es el pecado, y solamente mediante la fe en Cristo podemos ser perdonados y liberados del mal, y así es como volvemos a la comunión con Dios para recibir vida eterna, porque la consecuencia del pecado es la muerte.

La salvación nunca puede ser el resultado de la obra humana, porque, si Cristo vino para salvarnos, es porque ninguno de nosotros en la condición de pecador y corrompido totalmente puede dejar ese estado espiritual. La salvación del pecado y de la condenación es un don gratuito de Dios que se recibe solamente por confiar. Todo lo que necesitamos para que la salvación sea aplicada y para que vivamos como Dios quiere, es algo que Dios nos concede a medida que dependemos de su gracia y tomamos con fe todos los recursos que nos da. Pero, ante todo, lo más importante y fundamental es que creamos en Cristo.

La palabra del evangelio es verdadera porque todo lo que Dios dijo con respecto a Cristo se está cumpliendo perfectamente, y por esto mismo, solamente el que recibe la palabra en el corazón, puede recibir la fe y esta palabra es necesaria para que la fe crezca y se prolongue hasta que se cumpla todo en la segunda venida de Cristo, cuando él volverá por aquellos que hemos creído en su nombre y que por lo mismo ya hemos sido salvados del pecado y de la condenación eterna. 

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